A mis amigo(a)s cibernautas:
Me pregunto si en realidad eres culpable o inocente, y al ver tu enojo, tu majaderìa y despotismo, te digo que si todavía tenia dudas de tu posible inocencia, tu actitud me demuestra lo contrario, porque una persona culpable busca delegar culpas en los demás para justificar y minimizar el impacto del error. “Culpable o inocente”, es la cuestión, pero veo que el perdón que pides de rodillas, con promesas de borracho que no se cumplen, me hace dudar màs que creerte, pues el perdón verdadero es transformación, es enfrentar el error cara a cara sin minimizar ni justificar y, mucho menos, sin sentirte vìctima. Llegas con la ropa pintada de colores y me dices que fue un payaso que se te cayò encima. Payaso eres tù, y taruga yo por creerte. Te sorprendo en circunstancias que hablan muy mal de tì y te molestas, te enojas conmigo; me da miedo ya pasar por tu habitación y que vayas a pensar que te estoy espiando. Todo eso me hace dudar de que realmente tengas un propósito de cambio. Te sientes furioso, enojado, porque estàs pagando un delito que según tù no cometiste. Pregùntale al corazón si algunos otros que sì cometiste tuvieron la infracción o el castigo que merecías. La vida es asì, siempre llega con una factura, a veces retrasada, a veces prematura. Y el castigo, que tanto te enoja, jamás pienses que viene de Dios; viene de tu inconciencia y tu autoengaño. Deja ya de preguntar por qué me pasa esto o aquello, por qué tantas cosas malas me pasan a mí. ¿No has escuchado reiteradamente que los pensamientos son magnéticos y que atraen lo semejante? Si tus pensamientos no están en lo Supremo, si no vives con armonía y paz en tu interior, estás atrayendo a tu vida personas y circunstancias que te generan dolor y sufrimiento.
Mira, la cuestión no es encontrar culpables ni saber si eres inocente; lo importante es que aprendas a enfrentar cada error, que te des cuenta de la magnitud de tu inconciencia para que no vuelvas a repetirlo. Nadie te condena; yo no te condeno, mucho menos Dios. Tratar de disimular los errores con aires de dignidad, promesas de borracho que no se cumplen, minimizando el impacto de lo que hiciste o dejaste de hacer, recuérdalo siempre, genera turbulencia en la mente, culpa que atrae castigo y sufrimiento, dolor y destrucción. Tú eliges lo que quieres vivir. Si estás viviendo algo que tú piensas que es injusto, piensa en otras cosas, en otros momentos cuando has cometido infracciones contra la vida, tu cuerpo, tu mente y tu espíritu, y que tal vez sea ésta la factura que llega tarde con el único propósito de que analices, enfrentes y perdones. Nadie te condena, excepto tu conciencia y tus acciones, tus errores no enfrentados, los daños causados a quien más dices amar y que, por soberbia, no has reparado aún .
¿Inocente?, ¿culpable?... responde tú.
(tomado del libro “las más bellas reflexiones de la doctora Levinstein”; Editorial Panorama)
Me pareció conveniente el compartir con ustedes esta reflexión de la doctora Levinstein, espero nos ayude a todos a ubicarnos en el manejo de nuestras responsabilidades, empezando, por supuesto, por nuestra propia vida… “vengan, pongamos las cosas en claro –dice el Señor- ¿son sus pecados como escarlata? ¡Quedarán blancos como la nieve!
¿son rojos como la púrpura? ¡quedarán como la lana! (Isaías 1:18 NVI)
“si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad”
(1 de Juan 1:9)
Gracias Padre por este nuevo día, gracias por la luz de tu Palabra, gracias por no desecharme, gracias porque tu amor es incondicional y se me manifiesta en todo momento de mi vida, gracias porque tu misericordia es infinita y se renueva de día con día… Te pido Señor que no se me olvide de dónde me has levantado y que me has recibido con todo tu amor y perdón, hazme consciente de que no merezco ni el aire que respiro y que sin ti nada valgo porque nada ni nadie soy, te lo pido en el nombre glorioso de Jesucristo, mi Señor y Salvador, amén.
Tijuana, B. C., julio 17 del 2011
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