Sunday, October 30, 2011

El fundamento de una fe inquebrantable

A mis amigo(a)s cibernautas:

Cuando surgen las tormentas de la vida, ¿cuál es su respuesta? Algunas personas pierden el rumbo fácilmente. A otras se les disocia el pensamiento cuando la duda y el temor invaden sus mentes. Comienzan a preguntarse si el Señor realmente se preocupa por ellas. Pero la Biblia nos dice inequívocamente que sí se preocupa.
El pasaje de hoy nos proporciona el fundamento de nuestra seguridad en los tiempos difíciles. En el v. 8, se nos asegura que el Señor Jesús jamás cambia. Su ser, sus obras y sus palabras no cambian nunca. Para entender la importancia de esta constancia, imagine a un amigo que le parecía leal, pero de repente murmura de usted o le traiciona de alguna otra manera. Esa lealtad incierta y la violación de la confianza causan heridas dolorosas.
Todas las personas en algún momento nos defraudarán de una forma u otra. El Señor es el único que nos ama de manera perfecta y constante. Así que, anímese: Dios nunca cambia. No importa lo que estemos enfrentando hoy, nuestro Padre celestial sigue siendo aquel cuya mano derramó bendiciones sobre nosotros en tiempos de felicidad. Y es quien nos fortalece, guía y sostiene en los días difíciles. Cada pasaje de la Biblia revela otra faceta de su carácter sin tacha, y podemos saber que somos amados con la misma fidelidad que Cristo mostró al morir por nosotros en el Calvario.
Piense en los altibajos de la vida. Cuando las situaciones le producen felicidad, ¿cómo imagina usted a Dios? Cuando surgen las dificultades, ¿cambia su perspectiva? Afortunadamente, en el flujo y reflujo de las circunstancias, podemos aferrarnos al Señor Jesús como nuestra ancla.

Nos hemos ocupado últimamente de lo que significa una relación personal con Dios nuestro Señor, misma que sólo es posible lograr manteniéndonos en una completa comunión con Él pues de otra manera sólo se practica una religión con todos los inconvenientes que tiene el limitarse a lo exterior, a lo superficial, sin buscar y tener el crecimiento espiritual del que surja el hombre –y mujer- nuevo en Cristo Jesús: ver en Dios, nuestro Señor y Salvador, únicamente como la fuente de gustos y antojos, es no entender, es no querer ver, su grandeza, su majestad, su señorío sobre todo lo visible e invisible, aleluya!... Ya lo hemos dicho antes y ahora lo repetimos: el mayor problema de la Iglesia de Cristo es la falta de fe, por eso es que vemos a tantos “cristianos” en derrota, como dice mi muy querido y admirado hermano en Cristo, el Pastor Fermín García Jaime: “se olvidan de todo lo que Dios ha hecho en sus vidas al salir al estacionamiento y ver que su carro tiene ponchada una de sus llantas, hasta ahí les alcanzó su fe”… Viviendo en comunión completa con Él es cuando es posible tener la sensibilidad espiritual para identificar en las pruebas y aparentes contradicciones que se nos presentan lo que nuestro Señor nos está manifestando para nuestro bien, para cambiar alguna o algunas de nuestras formas de ser o de hacer… “sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito” (Romanos 8:28 NVI).

Dios no nos ha dado un espíritu de timidez, sino de poder, de amor y de dominio propio”
(2 Timoteo 1:7 NVI)
Gracias Padre por este nuevo día, gracias por la luz de tu Palabra, gracias por la fe que me has revelado que es el sustento de mi vida, gracias porque me has enseñado a vivir en el gozo de tu Santo Espíritu ante toda circunstancia de mi vida, gracias porque tú eres mi Pastor y en ti no me falta nada… Te pido Señor me perdones mis dudas, mis temores, mi falta de fe, hazme consciente de que dudar de ti es tanto como negarte y al negarte estoy blasfemando, te lo pido en el nombre glorioso de Jesucristo, mi Señor y Salvador, amén!...

Tijuana, B. C., octubre 15 del 2011


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