A mis amigo(a)s cibernautas:
por el Hermano Pablo
28 octubre 11
Voy a matar a mi padre —advirtió el joven de diecisiete años de edad. Su amigo, también de diecisiete, le respondió, riéndose: —No digas tonterías. Y compartieron ambos un cigarrillo de marihuana. —Voy a matar a mi padre —volvió a decirle el mismo joven al mismo amigo diez días después. Así fue por varias semanas: siempre esa terrible declaración. Hasta que un martes 22 de febrero, Cristóbal Galván cumplió su intención. Mató de varios balazos a su padre Esteban Galván. Acto seguido, se mató él mismo. Fue así como se desarrolló este drama familiar, relatado escuetamente. En más detalle, el muchacho, estudiante secundario, alto, rubio, bien parecido, vivía atormentado por problemas de personalidad. Además, era víctima del uso insensato de drogas como la marihuana, el crack y la heroína. Su madre había muerto de pena varios años atrás por el divorcio que había sufrido a manos de su padre, que era autoritario y exigente. Ahí estaban el escenario y los elementos del drama, trágicamente dispuestos. Los personajes jugarían cada uno su papel impecablemente. ¿Qué era lo que hacía falta? El momento inevitable. El testimonio a la policía del amigo de Cristóbal, Jaime Carieri, lo explicaba todo: «Sólo era cuestión de tiempo.»
Aquí cabe hacernos la pregunta, franca y directa: ¿Será posible que se esté incubando en nuestro hogar un drama parecido? ¿Se estarán juntando los elementos letales que pueden desencadenar una tragedia? ¿Hay drogas en nuestra casa? ¿Hay licor? ¿Hay armas? ¿Hay irritación? ¿Hay encono? ¿Hay violencia? Esos elementos, como hojas secas, se encienden con una sola chispa. La violencia suele estallar súbitamente sin que haya, al parecer, ninguna razón ni motivo. Y casi no hay hogar que esté inmune a ella. ¿Qué podemos hacer? ¿Cómo prevenimos una tragedia en nuestro hogar, en nuestra familia, en nuestra vida? Lo cierto es que si no tenemos una relación íntima con el Señor Jesucristo, difícilmente tendremos la motivación para controlar esos momentos de crisis. Todos somos lo que es nuestro corazón. La Biblia dice: «De la abundancia del corazón habla la boca» (Mateo 12:34). Todo lo que somos y todo lo que hacemos viene de las intenciones, buenas o malas, de nuestro corazón. Cristo quiere darnos un nuevo corazón. Él quiere perdonarnos y bendecirnos. Démosle, hoy mismo, nuestra vida. A cada uno nos hará una nueva persona. www.conciencia.net
Dramàtico el relato que nos plantea nuestra reflexión de hoy… Pero creo que no està alejado de la realidad que se vive en los “hogares” de nuestros días… Me parece que por encima de todas las preguntas que el autor de esta reflexión nos plantea -¿hay drogas en nuestra casa?, ¿hay licor?, ¿hay armas?, etc.-, debiéramos hacernos la pregunta ¿hay amor en nuestra casa?, porque està en la falta de amor, es decir en la falta de Dios, el origen de TODOS los problemas que han hecho –y hacen- que nuestra sociedad se precipite en la degradación, no quiero decir con ello que no hay que cuidar lo otro, sòlo que lo otro es el efecto de la causa que es la falta de amor… Ya les he comentado en varias ocasiones anteriores la muy grata experiencia que tuve al entrar en contacto con jóvenes adolescentes de ambos sexos y con sus padres: digo grata experiencia porque fue muy aleccionador por dar un amplio panorama de lo que implica una casi total falta de comunicación entre padres e hijos de la que se quejan unos y otros, señalándose mutuamente como los culpables… “es que sòlo quieren hacer lo que ellos quieren” es el común denominador de las quejas paternas… “es que sòlo me hablan para regañarme, para hacerme ver lo que hice mal, nunca notan lo que hago bien” es lo que se desprende de las quejas de los hijos “incomprendidos”… Con tal egoísmo, se cierran las puertas que permitan el tender los puentes hacia una mutua comprensión lo que sòlo el amor hace posible; la paternidad es un privilegio que Dios nos da y significa una muy grave responsabilidad el formar los talentos puestos a nuestro cuidado; a este respecto dice Fromm: “el amor es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos. Cuando falta tal preocupación activa, no hay amor”…
“el amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso, ni jactancioso, ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor” (1 Corintios 13:4-5 NVI).
Gracias Padre por este nuevo dìa, gracias por la luz de tu Palabra, gracias por tu amor incondicional que se manifiesta a cada momento de todos los días de mi vida y de la vida de los mìos, gracias porque soy consciente de que no lo merezco y que es por tu amor por lo que SIEMPRE me cuidas al salir y al regresar… Te pido Señor que sea el amor, fruto de tu Espìritu Santo, la divisa de mi vida, haz de mì un dador alegre, que pueda yo vivir y morir llevando tu mensaje de amor, de fe, de esperanza y compartiendo con los màs necesitados –en todos los òrdenes- lo que me has dado y me das en abundancia, te lo pido en el nombre glorioso de Jesucristo, mi Señor y Salvador, amèn!...
Tijuana, B. C., octubre 28 del 2011
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