A mis amigo(a)s cibernautas:
En Lucas 16, Jesús cuenta la historia de un hombre rico que vivió para sí mismo sin tomar en cuenta a Dios. Después de morir, experimentó la consecuencia de su decisión —su separación eterna del Señor.
Jesús lo describe como alguien que vivía rodeado de lujos (v. 19), proveyendo para sí lo mejor que el dinero podía comprar, pero dando poco al pobre que estaba a su puerta. Es importante entender que este hombre no fue juzgado severamente por Dios por su riqueza. Èl no se opone a nuestro éxito. Ni tampoco quedó separado del Señor por su falta de caridad hacia los demás. No hacía daño deliberadamente a otros, sino que no notaba a quienes padecían necesidades por estar concentrado solamente en sí mismo.
El error del hombre rico fue que hacía toda clase de provisión para su cuerpo, pero ninguna para su alma. Nuestra cultura practica un estilo de vida parecido. Adquirir riquezas materiales y la satisfacción propia, son la búsqueda principal de muchos en nuestro mundo. Lograr lo que uno quiere parece ser el objetivo, ya sea luchando para llegar a fin de mes, o teniendo la cuenta bancaria rebosante.
La Biblia dice que fuimos creados para relacionarnos con el Padre mediante la fe en su Hijo. El hombre rico ignoró a Dios y pagó el precio final. Nuestro destino eterno depende de la decisión que tomemos en cuanto a Cristo.
Quien acepta el regalo de la salvación de Cristo, vivirá eternamente con él en el cielo. Quienes rechacen a Dios sufrirán la eternidad separados de Dios. Si usted conoce a personas que son miopes espirituales, ore por ellas para que pongan su fe en Cristo.
El hombre rico, cuya historia se narra en nuestra reflexión de hoy, y el mundo de nuestros días, son uno mismo… ¡cualquier parecido no es obra de la casualidad!... desde hace miles de años se nos están señalando las consecuencias que tiene el vivir sin tomar en cuenta a Dios y, lejos de obedecer, parece que tales mensajes tienen un efecto contradictorio en una sociedad en un desquiciado afán por lo material… “son como lo sembrado entre espinos: oyen la palabra, pero las preocupaciones de esta vida, el engaño de las riquezas y muchos otros malos deseos entran hasta ahogar la palabra, de modo que esta no llega a dar fruto” (Marcos 4:18-19 NVI)… Tù y yo, como parte que somos de la Iglesia de Cristo, necesitamos y debemos hacer una profunda autocrìtica que nos permita determinar què es lo que hemos dejado de hacer o què es lo que estamos haciendo mal, porque tenemos que reconocer que no hemos sido capaces de enseñar el mensaje de Jesùs: “amaos los unos a los otros” ya que el fruto que después de tantos años se tiene, es una religiosidad sin amor, religiosidad de la que nos previene Pablo: “Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada” (1 Corintios 13:2 NVI)… Revisèmonos, si no hemos producido amor es porque no tenemos amor, es porque nos ha faltado predicar con el ejemplo, es porque la prioridad ha sido el predicar la denominación en la que actuamos, es porque comunicamos celos que dividen y no al amor que une: quizá se nos ve como nosotros vemos a nuestros políticos, actuando siempre en función de sus intereses personales y de partido y no en función del bien común y de ser asì, no podemos aspirar a tener su confianza… “Ustedes son la luz del mundo… Hagan brillar su luz delante de TODOS, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que està en el cielo” (Mateo 5:14,16 NVI)… El Manual de Vida –la Biblia- que Dios nos da, incluye el instructivo al detalle de los pasos a dar… ¿què nos falta?...
“El siervo que conoce la voluntad de su señor, y no se prepara para cumplirla, recibirà muchos golpes. En cambio, el que no la conoce y hace algo que merezca castigo, recibirà pocos golpes. A todo el que se le ha dado mucho, se le exigirà mucho; y al que se le ha confiado mucho, se le pedirá aùn màs” (Lucas 12:47-48 NVI).
Gracias Padre por este nuevo dìa, gracias por la luz de tu Palabra, gracias por tu amor incondicional que se manifiesta todos los días en mi vida y en la vida de los mìos, gracias por revelarme tu fe que es el sustento de mi vida… Te pido Señor me concedas el vivir y morir en una completa y santa comúniòn contigo, pon en mì tanto el querer como el hacer a fin de que viva y muera llevando tu mensaje, tu mensaje de amor, de fe, de esperanza, màs allà de lo que escriba o pronuncie, sino compartiendo con los màs necesitados de todo lo que en abundancia me has proveìdo a lo largo de mi vida, que el amor, fruto de tu Espìritu Santo sea en todo momento la divisa de mi vida, Padre, no me permitas que me envanezca, que ni tan siquiera piense en buscar mi lucimiento personal, hazme consciente de que sòlo tù eres digno de recibir todo honor y toda gloria, te lo pido en el nombre glorioso de Jesucristo, mi Señor y Salvador, amèn!...
Tijuana, B. C., octubre 25 del 2011
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