A mis amigo(a)s cibernautas:
26 Agosto 2011
Lectura: Mateo 15:7-20.
"Aparta mis ojos, que no vean la vanidad; avívame en tu camino" Salmo 119:37
Todo estaba tranquilo en nuestro jardín. Mientras yo trabajaba sobre la mesa del patio, nuestra perra Maggie yacía junto al césped. Un leve remolino de hojas secas cambió la situación. Maggie se levantó y, en un instante, daba vueltas alrededor de un árbol donde una ardilla se aferraba con firmeza al tronco. Cuando la llamé, Maggie se me acercó, pero no pude hacer que me mirara, ya que su cuello estaba rígidamente fijo en otra dirección. Aunque físicamente estaba cerca de mí, sus pensamientos y sus deseos se enfocaban en aquella ardilla. Maggie y la ardilla me hicieron recordar con cuánta rapidez nos concentramos en cosas que quitan nuestra mirada de Jesús. Las antiguas tentaciones, las nuevas responsabilidades o los permanentes deseos de obtener bienes y placer pueden desviar de inmediato mi atención de Aquel que conoce y desea lo mejor para mí. Los fariseos padecían una condición espiritual similar (Mateo 15:8-9). Servían en el templo e instruían a los demás, pero sus corazones estaban lejos de Dios. Nosotros también podemos enseñar y servir en la iglesia, pero estar alejados del Señor. Incluso nuestras actividades religiosas pierden sentido cuando no tenemos la mirada puesta en Jesús. Sin embargo, si dejamos de ser «duros de cerviz» (Hechos 7:51), el Señor puede hacernos desviar los ojos de las cosas insignificantes y reavivar nuestro corazón.
Reflexión: Cuando Cristo es el centro de nuestra vida, todo lo demás se reubica.
(“Nuestro Pan Diario”)
La falta de compromiso ha sido –y es- un mal del ser humano desde siempre: en la familia, en la escuela, en la empresa, en la vida… gente con la que no se sabe a què atenerse, porque aunque se confiesa algo con gran fervor, pareciendo “la mera verdad”, a la hora de la hora la realidad es otra, como que las cosas de la vida no se toman con la suficiente seriedad como para comprometer realmente el comportamiento… En la relación con Dios nuestro Señor, aunque pueden cambiar las poses, las expresiones, también es frecuente la falta de compromiso; “El Señor dice: `Este pueblo me alaba con la boca y me honra con los labios, pero su corazón està lejos de mì`” (Isaìas 29:13 NVI)… Cuando no sabe uno comprometerse, no se es digno de confianza, porque no se tiene rumbo, no se tiene un definido propósito de vida, se vive en la mediocridad, “a ver que sale”, como dice el Filòsofo de Gûemez: “algunos salen a tirar… otros tiran a salir”…
“No se contenten sòlo con escuchar la palabra, pues asì se engañan ustedes mismos. Llèvenla a la pràctica. El que escucha la Palabra pero no la pone en pràctica es como el que se mira el rostro en un espejo y, después de mirarse, se va y se olvida en seguida de còmo es. Pero quien se fija atentamente en la ley perfecta que da libertad, y persevera en ella, no olvidando lo que ha oído sino haciéndolo, recibirà bendición al practicarla”
(Santiago 1:22-25 NVI)
Gracias Padre por este nuevo dìa, gracias por la luz de tu Palabra, gracias por tu amor incondicional y tu permanente presencia en mi vida… Señor, te pido perdón por tanto tiempo en que fui alguien sin compromiso, alguien como se dice “ni fù, ni fà”, alguien que se movìa según las circunstancias, alguien sin valor, y de ahì tù me rescataste, hazme consciente Padre del privilegio de ser un hijo tuyo y de la grave responsabilidad de tal privilegio, mantenme firme Señor en mi anhelo de vivir y morir en una completa y santa comunión contigo, te lo pido en el nombre glorioso de Jesucristo, mi Señor y Salvador, amèn!...
Tijuana, B. C., agosto 28 del 2011
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