Tuesday, September 6, 2011

La condición de Dios para su bendición

A mis amigo(a)s cibernautas:


El Señor quiere darnos abundancia de bendiciones. Veamos lo que se requiere para que podamos recibirlas.
El pasaje de hoy aclara la única condición necesaria para recibir lo mejor de él: la entrega total. Cada aspecto de nuestro ser —cuerpo, alma y espíritu— debe ser un sacrificio vivo. Esto puede sonar sombrío, pero contrariamente a la lógica humana, la verdadera libertad solo se encuentra cuando nos rendimos totalmente a Cristo.
En el Antiguo Testamento, los sacrificios eran muy comunes. Para expiar el pecado, la persona podía traer un cordero al altar. El animal era apartado para los propósitos de Dios como una ofrenda sagrada, y por medio de su muerte se hacía restitución. Cuando nosotros nos damos como un sacrificio, no hay necesidad, afortunadamente, de derramar nuestra sangre. Jesús murió para expiar todos nuestros pecados. Pero por amor y gratitud, cada aspecto de nuestras vidas debe ser rendido a él.
¿Qué implica una vida rendida? Un compromiso total con Cristo que no cambia en nada por la influencia del mundo. Nuestros deseos y las viejas maneras de funcionar no son ya las fuerzas motivadoras. En vez de eso, su Espíritu nos guía, y su voluntad es la meta. Rendirse a él significa seguir su dirección en actitud, palabras, pensamientos y acciones —y hacerlo sin disculparnos, sin vacilaciones y sin temor.
Usted tiene una opción: conformarse con algo inferior a lo que Dios puede darle, o rendirse totalmente a él. La entrega total no es un camino fácil; significa morir a sus deseos y al interés personal. Pero recuerde que él está dispuesto y es capaz de hacer más de lo que nosotros somos capaces de imaginar.

Ya nos hemos ocupado antes de la falta de compromiso, de lo irresponsable que es –para con uno mismo y para con Dios- el ser “ni fù ni fà”, es decir, vivir en medio de indefiniciones, sin rumbo, con motivaciones fundadas en la apariencia, pretender engañar a quien todo lo sabe y al mismo tiempo saber què es lo que piensa cuando actuamos asì: “este pueblo me alaba con la boca y me honra con los labios, pero su corazón està lejos de mì” (Isaìas 29:13 NVI)… La reflexión que se nos da hoy, contiene una muy detallada y clara explicación de lo que significa rendirnos a la voluntad de Dios, si es que lo reconocemos como nuestro Señor y Salvador y lo que ello significa en nuestra relación con Èl: “a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios” (Juan 1:12 NVI)… Mas no se trata del tipo de padre irresponsable que por no confrontarse con sus hijos les complace en todo, es el tipo de Padre –con lo cual nos da su enseñanza- dispuesto hasta morir por el bien de sus hijos y al mismo tiempo dispuesto a disciplinar a quienes ama: “hijo mìo, no tomes a la ligera la disciplina del Señor no te desanimes cuando te reprenda, porque el Señor disciplina a los que ama, y azota a todo el que recibe como hijo” (Hebreos 12:5-6 NVI)… Asì que lejos de pretender “corregirle la plana” al Señor cuando no nos obsequia lo que esperábamos, démosle las gracias, nuestra alabanza y adoración por estar al pendiente nuestro y darnos SIEMPRE lo mejor para nosotros, aleluya!...

“no tienen, porque no piden. Y cuando piden, no reciben porque piden con malas intenciones, para satisfacer sus propias pasiones” (Santiago 4:2-3 NVI).
Gracias Padre por este nuevo día, gracias por la luz de tu Palabra, gracias porque tu permanente presencia en mi vida se manifiesta en tu amor incondicional, siempre pendiente de lo que necesito, gracias por las maravillas que has hecho –y haces- en mi vida y en la vida de los míos… Te pido Señor me ubiques, no me permitas que me envanezca, no me permitas que me “llene de caldo flaco” y me olvide de ti, hazme consciente de que sin ti nada puedo hacer, porque nadie soy, ni nada valgo, te lo pido en el nombre glorioso de Jesucristo, mi Señor y Salvador, amén…

Tijuana, B. C., agosto 31 del 2011

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