A mis amigo(a)s cibernautas:
por el Hermano Pablo
27 septiembre 11
Durante dieciocho meses pasearon por casi todo el mundo. Viajaron en líneas aéreas, barcos de lujo y trenes de primera. Se alojaron en grandes hoteles y compraron de todo en famosas tiendas. Todo esto lo hacían a la moderna, pagando con tarjetas de crédito. Es decir, hasta que regresaron a Nueva York y fueron arrestados. Porque John y Mary Tillotson eran ladrones. Habían andado de turistas por casi dos años con falsas tarjetas de crédito, robando tarjetas descuidadas y usándolas como si fueran suyas luego de cambiar de identidad. Cuando las autoridades los interrogaron, la muchacha descaradamente dijo: «Nos agarraron, pero nadie puede quitarnos lo que hemos disfrutado.» El manifestar semejante desvergüenza seguramente enfurece al que posee valores morales, como lo son la decencia, la integridad, la rectitud, la justicia, la nobleza y la honradez. ¿Qué sucede con nuestras disciplinas? ¿Desde cuándo es aceptable engañar? ¿Cuándo dejó de ser malo mentir, robar, falsificar y sobornar? ¿Dónde está la virtud que nos legaron nuestros antepasados? Es increíble notar cómo nuestra sociedad está dándole vuelta a todo. A lo blanco lo llama negro, a lo malo, bueno, a lo injusto, honrado, y a lo infame, ejemplar. Es por esa disposición tergiversada que una patinadora le quiebra la pierna a su contrincante, o que un dueño de empresa, para cobrar el seguro, le prende fuego a su propiedad, o que un empleado le roba al que le ha dado trabajo, o que un funcionario público olvida lo que significa ser honrado. Tanto nos hemos alejado de virtudes sanas y de prácticas nobles que ni cuenta nos damos de que nuestras desgracias se deben a la semilla corrupta que estamos sembrando. Decimos que la moralidad pertenece a otra época, que vivimos en tiempos en que nada es bueno ni malo de por sí, pero no nos damos cuenta de que nuestro fracaso se debe a que no nos ceñimos a las leyes morales de Dios. La ley de la cosecha, que dice: «Cada uno cosecha lo que siembra» (Gálatas 6:7), ha quedado en el olvido. Para no destruirnos del todo, necesitamos volver a buscar a Dios. Son las leyes absolutas de Dios las que nos guían hacia la salud y el bienestar. No tenerlas en cuenta es disponer nuestra propia ruina. Volvamos a Dios. Regresemos a los valores divinos. No sigamos destruyéndonos. Cuando Jesucristo entra a vivir en nuestro corazón, Él lo cambia por completo. Vemos, entonces, lo bueno como bueno y lo malo como malo. Abrámosle nuestro corazón a Cristo. Dejémoslo entrar. Él quiere darnos nueva vida. Él enderezará nuestros pasos.
Creo que al Hermano Pablo –autor de esta reflexión- le ha faltado escuchar las noticias de hoy para que su capacidad de asombro entre en crisis: porque está fuera de todo calificativo el extremo al que como sociedad hemos llegado… más lo que se acumule en la presente semana… Hoy una de ustedes me lo hizo notar con toda precisión: “se ha venido destruyendo lo que debe ser la célula fundamental de la sociedad: la familia y mientras ello no entre en corrección, continuaremos precipitándonos en esta degradación social que no parece tener fondo”… No se necesita ser un gran analista para verificar el grado de desintegración al que, lamentablemente, ha llegado la familia como institución: tan sólo el índice de hogares encabezados por una mujer sola así nos lo indica y no hay NADIE que ni tan siquiera exprese su preocupación por ello… Eso estamos sembrando y estamos cosechando ciudadanos –hombres y mujeres- que con sus acciones y omisiones dan muestras de sus traumas, resentimientos y deseos de venganza en contra de una sociedad de la que, en la mayoría de los casos, sólo han recibido claras muestras de rechazo… Vale más que lo entendamos y, sobre todo, que nos pongamos a trabajar en su corrección, sabedores de que se trata de una situación cuyas dimensiones exigirán de un esfuerzo sostenido por muy largo plazo… ¡cada día que dejemos pasar, la situación estará agravándose y el plazo ampliándose!, es una tarea de TODOS, principalmente de quienes hemos recibido –y recibimos- las bendiciones de una vida en Cristo Jesús…
“Pónganse toda la armadura de Dios para que puedan hacer frente a las artimañas del diablo. Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales” (Efesios 6:11-12 NVI).
Gracias Padre por este nuevo día, gracias por la luz de tu Palabra, gracias por hacerme ver mi responsabilidad de compartir por gracia lo que por gracia he recibido de ti, te pido Señor que no me permitas sentirme avasallado por las dimensiones de la lucha que, en tu nombre, debo librar en la compañía de mis hermanos en Cristo, Padre, haznos conscientes de que para ti no hay imposibles, que tú SIEMPRE estás en control… recuérdanos siempre tu Palabra “no será por la fuerza ni por ningún poder, sino por mi Espíritu –dice el Señor Todopoderoso” y sabedores de que sin ti nada podemos hacer… Te lo pido en el nombre glorioso de Jesucristo, mi Señor y Salvador, amén!...
Tijuana, B. C., septiembre 27 del 2011
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