A mis amigo(a)s cibernautas:
Vivimos en una cultura acelerada, y acostumbrados a los resultados rápidos. Esperar parece ser cosa del pasado.
No nos sorprende, entonces, que pasemos apuros si Dios no da respuesta a una oración de inmediato. Sin embargo, cuando nos negamos a ser pacientes, nuestra única opción es apartarnos de su plan. El pasaje de hoy dice cómo Abram y Sarai (luego Abraham y Sara) decidieron tomar un asunto en sus propias manos porque no les gustó la agenda del Señor.
Habían pasado diez años desde que Dios les prometió un hijo, y Sara estaba envejeciendo. Así que ella y Abram decidieron dejar que su criada Agar tuviera un hijo para ellos. Sara finalmente dio a luz en su vejez, pero esa impaciencia dio como resultado un gran conflicto —para su familia y para nosotros, hoy. Gran parte de la tensión en el Medio Oriente se remonta a dos pueblos: los descendientes de Agar y los de Sara.
¿Por qué esta pareja eligió el camino de la autosuficiencia? Primero, porque el intenso deseo de Sarai nubló su pensamiento. Quería con desesperación darle un hijo a su esposo, pues era una de las bases del valor de la mujer en esa cultura. Luego, sucumbió a una forma de pensar incorrecta. Después de años sin tener un hijo, empezó a pensar que el Señor necesitaba ayuda. Por último, llevó a Abram a creer este errado razonamiento, y ambos cedieron a la impaciencia.
Estas trampas siguen siendo un peligro hoy. Debido a que somos impacientes por naturaleza, podemos fácilmente justificar una acción. El mejor consejo es escuchar, obedecer y esperar. El tiempo de Dios es perfecto, y no tenemos que perder lo mejor que él tiene para nosotros.
Si les parece, empezaré Mi Oración Diaria de hoy dándole gracias a mi Señor y Salvador por traerme el día de hoy una reflexión que complementa lo que ayer nos ocupaba: no tratemos de corregirle la plana al Señor… y aquí se nos da un ejemplo de las consecuencias que ello nos puede acarrear –sugiero la conveniencia de ir a nuestro Manual de Vida –la Biblia- y comprobar, además de los versículos aquí sugeridos, aquellos que nos hacen ver los años en los que Dios nuestro Señor dejó de hablar con Moisés –dijéramos en un lenguaje coloquial de estos tiempos: lo puso en la congeladora… ¡pa´que teduques!... Génesis 16:15 “Abram tenía 86 años cuando nació Ismael”… Génesis 17:1: “Cuando Abram tenía 99 años, el Señor se le apareció y le dijo: -Yo soy el Dios Todopoderoso. Vive en mi presencia y sé intachable. Así confirmaré mi pacto contigo, y multiplicaré tu descendencia en gran manera”.
Cuando hablamos de terceras personas nos es muy fácil –casi es un deporte que todos amamos- hacer señalamientos de crítica ante la falta de fe, sin embargo, me atrevo a asegurar que, en mayor o menor grado, TODOS caemos en ansiedades que nos llevan a actuar por nuestra cuenta para después pagar las consecuencias… los extremos se dan cuando después de no haberle obedecido terminamos culpando a nuestro Padre Celestial por lo acontecido… Son estos “pequeños” grandes detalles de nuestra muy personal relación con Dios nuestro Señor los que nos deben dar las pautas a seguir si es que realmente queremos vivir en una completa y santa comunión con Él… ¿habrá mejor manera de darnos cuenta si realmente tenemos FE –con mayúsculas, no sujeta a los altibajos que producen las circunstancias en nuestra vida- en nuestro Señor y Salvador?... ¿vale la pena el revisar permanentemente este fundamental aspecto de nuestra relación con Él?... ¡se los dejo de tarea!...
“la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve” (Hebreos 11:1 NVI)
Gracias Padre por este nuevo día, gracias por la luz de tu Palabra, gracias porque en tu amor tan grande e incondicional para este pobre pecador, has tenido la paciencia de enseñarme a creer en ti… Te pido perdón por mis dudas y temores que con mayor frecuencia de la que yo quisiera se me presentan ante las circunstancias de la vida, Padre, quién soy yo para ponerte en duda cuando sólo he recibido –y recibo- las manifestaciones de tu amor y cuidados en todos los aspectos?... Ayúdame, enséñame a depender y esperar sólo de ti, te lo pido en el nombre glorioso de Jesucristo, mi Señor y Salvador, amén!...
Tijuana, B. C., septiembre 1 del 2011
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