A mis amigo(a)s cibernautas:
Pablo no se veía a sí mismo como una víctima. A pesar de su gran malestar físico y emocional, creía que estaba bajo la mano soberana de Dios. Por eso, en vez de volverse un resentido y apartarse de la fe, el apóstol se volvía al Señor y seguía madurando espiritualmente.
Podemos aprender mucho de Pablo; él estaba decidido a poner sus ojos en la soberanía de Dios, no en su propia voluntad. Es fácil amargarse por el caos que otra persona ha causado en nuestras vidas, pero en el momento que comenzamos a pensar que nuestros enemigos tienen el control, estamos derrotados. La Biblia dice que Dios "estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos" (Salmo 103.19). Él tiene el control absoluto. Es posible que no entendamos razones para permitir el dolor o las dificultades en nuestras vidas, pero su plan es siempre para nuestro bien y para su gloria (Jeremías 29.11).
Además, los creyentes pueden aprender del compromiso de Pablo, para enfocarse en los resultados positivos en vez de la angustia personal. El dolor, ya sea físico o emocional, muchas veces acapara toda la atención de una persona. Pero no se logra ninguna victoria pensando en el sufrimiento. Dios tiene un plan para nuestras angustias, y Pablo es un buen ejemplo. Se regocijó cuando el evangelio se anunció en la Guardia Pretoriana —sus carceleros.
Las circunstancias difíciles son una encrucijada en la vida del creyente. Si tomamos el camino de culpar a Dios por nuestra lucha, caeremos en el resentimiento y el negativismo. Pero si nos enfocamos en el amor y la ayuda del Padre celestial, encontraremos confianza y esperanza al hacer su voluntad.
“así como una tormenta puede apagar un pequeño incendio, si el incendio es grande la misma tormenta, en cambio, lo propagará: de igual forma, una fe débil se debilita aún más con desastres y catástrofes, mientras que si la fe está enraizada, se fortalecerá ante lo mismo” (tomado del libro “el hombre en busca del sentido último” de Víktor E. Frankl)… A nadie nos gustan las dificultades, el tener que enfrentar las circunstancias adversas en nuestras vidas, sin embargo, no me cabe la menor duda en cuanto al valor que las mismas tienen en nuestra formación humana, profesional y espiritual: todos conocemos infinidad de casos –o al menos los hemos leído- de padres de familia que “castran” a sus hijos al sobreprotegerlos porque terminan éstos siendo incapaces de enfrentar los retos de su vida y por ello casi siempre terminan siendo manipulados por el medio en que les toca vivir, al carecer de las capacidades para definir y decidir sobre su propio destino; a este respecto me encanta la siguiente frase: “la existencia auténtica estará presente allí donde el ser humano decida ir por sí mismo, no donde se vea conducido a ir” (Víktor E. Frankl)… Que mejor que tener y reconocer a nuestro Padre Celestial quien nos da el camino para esta vida y para vida eterna… “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6 NVI)…
“los pasos del hombre los dirige el Señor. ¿Cómo puede el hombre entender su propio camino?”
(Proverbios 20:24 NVI)
Gracias Padre por este nuevo día, gracias por la luz de tu Palabra, gracias porque eres mi Pastor y en ti no me falta nada, gracias porque junto con las circunstancias que la vida me presenta, está siempre tu enseñanza que me nutre, me forma, me capacita… Te pido Señor perdones mis dudas, mis temores, hazme consciente de tu señorío por sobre todo lo visible e invisible, de tu absoluto control sobre lo que sucede o deja de suceder, porque sólo así te estaré reconociendo cabalmente como mi Señor y Salvador, te lo pido en el nombre glorioso de Jesucristo, mi Señor y Salvador, amén!...
Tijuana, B. C., agosto 11 del 2011
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